noche veía un programa de televisión llamado
"Tolerancia Cero". Esteconsiste en una tertulia de cuatro seniores
(bah, señores) que se dedican a comentar las noticias que van
ocurriendo en la semana. Entre sus múltiplesdiálogos hay ciertos temas
que se repiten y uno de ellos es elde la educación. Lamentablemente,
caen en los tópicos de siempre: "la educación es importante", "el país
necesita progresar para ello necesita educación", "la educación es la
base del desarrollo" y todos esos mantras que se repiten sin cesar.

Los que somos profesionales de la educación casi
siempre callamos y dejamoshablar. Y esto porque no son pocos los que se
nos acercan y nos quieren dar cátedra sobre cómo educar. Recuerdo una
vez un médico (sí un de esos patudos que se llama a sí mismo
doctores,incluso sin haber obtenido el grado académico) que quería
enseñarme arealizar buenas evaluaciones, puesto que él como cirujano
sabía mucho. Cuando yo empecé a decirle cómo debía operar, entendió
queel respeto a cada profesión es fundamental.

Sin embargo, muchos se sienten con elderecho de
opinar de educación y mucho más aún se sienten con la autoridad de
menospreciar nuestra labor. ¿Por qué esto?

Un amigo me decía el lenguaje no es inocente, por
ello quiero compartir con ustedes un trocito de mi libro: "Educar para
la Vida", editado por el Centro de Educación a Distancia de la Universidad Católica del Norte. Espero que con estomis alumnos de pedagogía de la Universidad del Mar y de la Universidad Santo Tomás, de quienes espero queasuman el compromiso que tienen por dignificar mucho más nuestra profesión.

La palabra "pedagogo".

El origen de las palabras nos ilustra en buena medida acerca de la
realidad de nuestra profesión. En principio la palabra educación
provenía del prefijo "ex" que significa sacar hacia delante y de la
raíz "ducere" que significa conducir o guiar. Así educar implica la
capacidad de sacar adelante a la persona. Un vocablo asociado a la
función formadora de los docentes.

El docente por su parte proviene del verbo latino "docere" que
significa enseñar o saber y se refiere a la persona que sabe y que está
capacitada para enseñar.

Hasta el momento estas acepciones son significativas y positivas para
nuestra profesión. Sin embargo, gran parte de los términos que se usan
para designar nuestro quehacer en su origen no son muy amables, me
refiero a los vocablos maestro, profesor y pedagogo.

El concepto maestro proviene de "magistro", que significa el que
enseña, se refiere en general al esclavo griego que posee una gran
cultura y que se encargaba de instruir a los jóvenes romanos. Sin
embargo, tal como lo señala Demóstenes, el concepto de maestro
implicaba una superioridad moral e intelectual, en tanto que era capaz
de "realizar en sí mismo lo que trata de realizar en los demás". Por
ello es que siempre ha existido en la mirada del común de la gente una
necesidad de juzgar el comportamiento de los profesores y ser exigente
e implacable al evaluar a un docente que no cumple con lo que le
corresponde a su labor.

Por
su parte el origen de la palabra profesor proviene de de pro fatio, que
significa disponerse a hablar. En la edad medieval, en las iglesias el
rol del maestro era el de realizar la lectura de los libros sagrados.
Sin embargo con el paso de los años esta labor de lectura queda en
manos de los discípulos y los maestro se dedican a realizar comentarios
sobre lo que se lee, esto en latín se expresa con las palabras pro
fateri, esto es explicadores o comentadores de los textos escritos.

El término pedagogo por último se asocia con el concepto paedagogus,
que se refería al esclavo que acompañaba a los niños en las lecciones.
Este es un término derivado de paidagogós, que se une de paidós (niño)
y agó (conducir o guiar).

Algo curioso ocurre con este concepto. En Italia a partir del término
pedagogo aparece la palabra ya existente que significa pedante, que
significa "andar a pie". Lo que ocurre es que se jugaba con ambos
significados al mezclarlos, puesto que se deseaba ironizar con la
arrogancia que manifestaban algunos pedagogos, al sobreestimarse por
sobre los demás, y su evidente pobreza, que los obligaba a andar a pie.

Como vemos desde sus orígenes el ser profesor ha transitado entre la
admiración por la labor social que cumplen y el menosprecio por su,
incluso actual, condición económica desmejorada. Sin embargo, a pesar
de ese menosprecio aún hay jóvenes idealistas
que desean ser profesores. Quizás sea porque poco a poco estamos
ganando el espacio que merecemos sólo en la medida en que nos asumimos
como profesionales de la educacióny no como simples instructores de
conocimientos.

publicado por :Ronald Ramirez Olano